lunes, 25 de enero de 2016

Una pérdida de tiempo...

¿Os imagináis qué pasaría si un reloj perdiera cada día un minuto? El día de fin de año tendríamos que comernos las uvas cinco minutos antes de mediodía… Vigilad, porque la pérdida de tiempo puede estar relacionada con la pérdida de muchas otras cosas… eso es  lo que le pasó a Magdalena…

Parecía que las cosas iban bien y nada se alteraba en la vida tranquila y feliz de Magdalena. Cuando cumplió diez años, sus padres le regalaron un reloj de pulsera suizo, precioso. Los primeros días de tenerlo, estaba tan emocionada que no se lo quitaba ni para dormir, pero al cabo de dos semanas, por miedo a perderlo o a que se estropeara, Magdalena decidió quitarse el reloj y guardarlo en un cajón de su habitación.

Durante los meses siguientes, en su colegio, empezaron a desaparecer cosas… carpetas, estuches, chaquetas… desparecía todo de una manera tan sutil y misteriosa que ni siquiera los dueños de las cosas se daban cuenta.
Pero un día llegó el director al colegio muy asustado: ¡le habían desaparecido los quilómetros del coche! ¡Aquello era lo más raro que había visto en su vida! Porque no se había borrado el cuentaquilómetros, no, habían desaparecido seis quilómetros del contador. Lo recordaba perfectamente, él siempre miraba cuántos quilómetros había realizado durante el día, era un hombre muy meticuloso, que llevaba las cuentas de todo lo que podía afectar a su economía casera (y contar los quilómetros le ayudaba a controlar el gasto de gasolina). Antes de apagar el motor había mirado cuantos quilómetros marcaba la pantalla y vio el número 25346. ¡Al día siguiente, el coche marcaba 25340! ¿Qué había pasado?
La cuestión es que era algo rarísimo. Todos en la escuela empezaron a darse cuenta de que les faltaba algo, pero ¿cómo podían haber desparecido tantas cosas sin que nadie se percatara de ello con anterioridad?
Ante semejante situación, cuando Magdalena, hecha un manojo de nervios, llegó a casa, lo primero que hizo fue comprobar si el reloj estaba en su sitio. Y sí, después de tres meses, allí estaba. Respiró aliviada… pero el alivio le duró poco cuando observó que el reloj llevaba una hora y media de retraso… ¡pero si era suizo! Aquello era muy extraño…
Rápidamente encendió su ordenador para buscar, en la página web de la marca, el contacto para escribirles. Pero no hizo falta. Al entrar, un banner enorme pedía disculpas al mundo entero; a continuación advertía de que uno de sus relojes había salido defectuoso, apuntaba el modelo y la tienda en la que se había vendido y daba detalles de la peligrosidad del elemento si no era devuelto y destruido en la fábrica de Ginebra. ¡Era el reloj de Magdalena!
¡ATENCIÓN! SE HA DETECTADO UN RELOJ DEFECTUOSO. SE VENDIÓ EL 2 DE ENERO EN LA TIENDA DE LA CALLE JAZMÍN DE CALZADILLA DEL MONTE (MÉJICO). LOS COMPRADORES PAGARON EN EFECTIVO POR LO QUE NO SE LES HA PODIDO LOCALIZAR. ESTA ES LA FOTO DEL RELOJ.
POR FAVOR, SI ES USTED QUIEN LO TIENE NO DUDE EN DEVOLVERLO. ES UN RELOJ QUE PIERDE UN MINUTO CADA DIA, Y DURANTE ESE MINUTO PUEDEN DESAPARECER TODO TIPO DE OBJETOS… Y HASTA PERSONAS.
ESTO NO ES NINGÚN JUEGO. EMPIEZAN DESAPARECIENDO CARPETAS Y BOLÍGRAFOS, HASTA QUE DESAPARECEN QUILÓMETROS DE LOS COCHES, GRADOS DE LOS TERMÓMETROS Y PELDAÑOS DE ESCALERAS.
QUIEN LO TENGA NO DEBE PREOCUPARSE, LE MANDAREMOS UN RELOJ NUEVO.
MUCHAS GRACIAS.
Magdalena se quedó alucinada, y aunque su boca estaba completamente abierta, no conseguía articular palabra. Devolvió el reloj, claro que lo hizo, pero pidió a la empresa que no le mandaran otro, que en su lugar prefería una pulsera.
Aquella aventura del reloj había sido tan extraña que, para saber las horas, prefirió guiarse por el sol y preguntar a los demás, durante una larga temporada.
Al cabo de unos días, la pulsera de plata llegó con una carta de agradecimiento. Y Magdalena se sintió aliviada al saber que no volvería a perderse nada más de forma extraña…