sábado, 11 de octubre de 2014

El armario de la tos


¿Os acordáis de Peyo y Nico? Pues después de ver la caja de cosquillas y el bahúl del hipo, don Heriberto tenía otras sorpresas preparadas. Habiendo empezado ya el colegio, un viernes por la tarde bajaron a su tienda y eso fue lo que pasó..
Don Heriberto les dio una limonada a cada uno y cuando acabaron les rogó que se acercaran a la ventana. Justo allí había un armario bastante nuevo, de madera de cerezo. Era quizás lo más nuevo que tenía Don Heriberto en la despensa. Los chicos se miraron entre ellos, miraron el armario y miraron a Don Heriberto encogiéndose de hombros, como si quisieran preguntarle de qué se trataba sin articular palabra.
Don Heriberto empezó a hablar:
-      Este armario me sirve para no resfriarme en todo el invierno.- Los chicos no entendían exactamente qué quería decir. Don Heriberto siguió. - Mirad, a mí, los resfriados siempre me empiezan con una tos muy pesada que no me deja dormir. Sé perfectamente que si no me cuido, al cabo de dos días de tener tos, me sube la fiebre y tengo que quedarme en cama, al menos, cinco o seis días. Como comprenderéis es algo muy molesto, porque no me apetece hacer nada más que dormir, ni cocinar, ni trabajar, ni limpiar. Con lo cual, eso de ponerme enfermo no me gusta en absoluto.
-      ¿Y qué tiene que ver ese armario con su tos y sus resfriados? – intervino Peyo que, al igual que su hermano, todavía no alcanzaba a entender nada de nada.
-      Pues ese armario es el lugar donde yo almaceno la tos. Cuando llega el frío y empiezo a toser, y ya veo por donde irán las cosas, meto la tos en una bolsa, y luego la guardo dentro del armario. Eso si, no abro el armario en todo el invierno, no vaya a ser que la tos se escape, y luego se propague por toda la ciudad. Cuando acaba el invierno, abro el armario, saco la bolsa, la sacudo y la abro; no sé como, pero la tos se marcha sin rechistar, y no vuelve hasta el invierno siguiente.
-      ¿Y a dónde va? – preguntó Nico con toda su inocencia.
-      Pues no tengo la menor idea, me imagino que al hemisferio sur, para pillar a alguien desprevenido.
-      ¡Pero la gente no tiene armarios para guardar la tos! – insistió Nico.
-      No te creas, la gente tiene muchos más artilugios de los que tu te imaginas. No desprecies nada ni a nadie por su apariencia; en los lugares más inesperados puedes encontrar un invento increíble.
-      ¿Y de dónde sacó el armario? – preguntó Peyo con curiosidad.
-      Pues le pedí a un amigo carpintero que me construyera uno. Veréis, hace muchos años leí que la tos busca un lugar caliente para pasar el invierno y por eso se mete en nuestros bronquios. Pero en realidad le da igual unos bronquios que un armario, lo que quiere la tos es resguardarse del frío, con lo cual que la metan en una bolsa, dentro de un armario le parece estupendo.
-      ¿Y por qué cuando se va el invierno ella se va con el frío? – preguntó Peyo de nuevo.
-      Pues por qué es su destino, ella suele acompañar al frío a todas partes aunque no le guste demasiado. De todas formas las toses más viejas consiguen quedarse con el verano. Esas son las más peligrosas por qué si te encuentran cuando hace buen tiempo pueden fastidiarte, son aquellas que no te quitas de encima en todos los meses de calor. La única solución es ponerse delante de un ventilador toser con fuerza y atraparlas dentro de la bolsa, para guardarlas en el armario.
-      ¿Podremos venir si tenemos tos? – preguntó Nico.
-      Pues claro, la guardaremos en el armario. – respondió Don Heriberto.
Y los tres se echaron a reír.

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