sábado, 18 de enero de 2014

La cueva de las mil timideces

Arturo era tímido, muy tímido. Lo pasaba realmente mal cuando tenía que saludar a alguien que no pertenecía a su círculo de confianza. Y le costaba mucho, muchísimo, hacer nuevas amistades, entablar conversaciones en el ascensor o responder a las típicas preguntas que los niños se hacen, entre ellos, en el parque.
 
Afortunadamente, Arturo tiene unos padres que le quieren mucho y que se preocupan por él. Esa preocupación era soberana en el momento en el que vieron que cuánto mayor se hacía, peor lo pasaba en las situaciones en que debía mostrarse sociable. Así que decidieron buscar una solución con la que todos saliesen ganando. Buscaron en Internet opciones para que su hijo dejara de sentirse incómodo ante desconocidos, consultaron con psicólogos, pedagogos, docentes, incluso con el pediatra del niño, pero nadie acertaba en aportarles una respuesta que les convenciera por completo.
 
Leyeron libros, infinidad de libros, pero tampoco encontraron remedio alguno.
 
Hasta que un día, en un pequeño restaurante de montaña, conocieron a Gloria. Tenía catorce años y era la joven más sociable, educada y simpática que habían visto jamás. Arturo, a sus diez años, se sonrojó y le resultó imposible articular una sola palabra. Se la quedó mirando mientras ella hablaba y gesticulaba, se mostraba amable con todo el mundo como si les conociera de toda la vida. Ella se dio cuenta de que Arturo la miraba embobado y se le dirigió con una dulzura singular, como si detrás de aquel jovencito tímido pudiera adivinarse una gran persona que, en un futuro no muy lejano, sería capaz de entablar conversación hasta con las piedras.
 
Gloria se presentó con alegría y consiguió que Arturo se sintiera cómodo con ella. Durante aquella tarde le explicó que ella también había sido una niña tímida hasta los diez años, momento en el que un buen amigo la llevó a la Cueva de las mil timideces. Una vez allí, entró y depositó toda su timidez dentro. Salió nueva, era otra persona que afrontaba las situaciones con desenvoltura y gallardía.
 
Ante la narración de lo sucedido, Arturo se quedó atónito. Quiso saber más sobre aquél lugar mágico y le suplicó a Gloria que le diese alguna pista para encontrarlo, él también quería superar su miedo a conocer gente nueva. Así, que Gloria, le trazó un mapa en un pequeño papel y le hizo prometer dos cosas: la primera, que volvería para confirmarle que todo había salido bien; la segunda, que a los catorce años, revelaría aquel secreto a algún niño o niña que quisiera deshacerse de la vergüenza.
 
Arturo le hizo las dos promesas y pidió a sus padres que le llevaran al lugar que Gloria le había indicado.
 
Llegó, entró y abandonó allí la timidez para siempre; quién sabe si al lado de la de Gloria… Volvió al pequeño restaurante y le contó a su amiga la hazaña. Parecía que todo había salido bien.
 
Dentro de poco Arturo cumplirá catorce años. Es sociable como pocos muchachos lo son, cortés y educado. Guarda en un cajón el viejo mapa que le entregó su amiga, a la espera de encontrar el niño o la niña que lo necesite para dárselo y seguir con la cadena.

3 comentarios:

  1. Que fàcil sembla! Jo crec que la Gloria va ser una enveja sana en Arturo, més que cap altra cosa. Hi ha persones que ens marquen.

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    1. Sí, és cert, hi ha persones que ens marquen i amb una petita conversa aconsegueixen treure de nosaltres el millor... Una abraçada!!

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  2. Realment, molts cops és només això... escoltar i que t’escoltin! Què senzill que és, però com costa que la gent ho entengui. De ben segur, en trobaríem més d’una d’aquestes persones que ens “marquessin”.

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