sábado, 23 de noviembre de 2013

El sueño de Knossos

Hay lugares en la tierra que son algo más que un destino. Creta es uno de ellos, uno de aquellos rincones en los que el tiempo parece tomar forma humana y se  ofrece, todos los atardeceres, para mantener una conversación, como si de un viejo amigo se tratara.
 
Aurora solía tener la necesidad de estar rodeada de gente; era divertida y extraordinariamente sociable. Un encanto natural y un estilo elegante y sencillo delataban su procedencia, propia de las personas que han crecido acunadas por la melodía que se desprende de un piano de cola situado en un salón de terciopelo azul, mientras una criada dócil, ataviada impecablemente y coronada por una cofia, almidona los uniformes de un colegio privado bilingüe. Sus tardes se habían desenvuelto entre las clases de ballet, las de música y las de pintura, con el objetivo de completar un cuadro que haría de ella una persona perfectamente capaz de asumir cualquiera de las responsabilidades que le ofrecería el porvenir.
 
La conocí un verano, en Francia, en una de aquellas estancias en las que se supone que los niños de entre doce y dieciséis años deben aprender un idioma perfectamente, en cuatro semanas. Nos hicimos muy amigas y mantuvimos el contacto.
Con veinticuatro años y una pequeña maleta, Aurora y su prima pusieron rumbo a Heraklion para pasar unos días de vacaciones. Aquel Mediterráneo era distinto, sus aguas parecían desafiar a una paleta de colores cuyos tonos danzaban entre el verde turquesa y el azul noche. Las galaxias se rendían a las olas del mar cuando la luna conseguía platear las mil y una gotas que se deslizaban, una y otra vez, sobre la arena fina que los dioses del Olimpo habían dispuesto en las tierras que vieron nacer los primeros indicios del arte minoico.
Pero cuando el destino no deja margen alguno a los planes hechos con antelación, la vida puede verse del revés en un abrir y cerrar de ojos. Los días de descanso se agotaron y las vacaciones llegaron a su fin; Aurora se dio cuenta de que su pasaporte había caducado y no le quedó más remedio que permanecer en la isla durante unas semanas más. A su prima le perseguían un sinfín de obligaciones, la mayoría de ellas, vinculadas al trabajo y a la familia, motivo por el cual abandonó a Aurora a su suerte, dejándola sola, con su pequeña maleta y un puñado de ilusiones que le servirían para no afligirse ante la estancia mientras, desde el consulado, le tramitaban todos los papeles necesarios para arreglar la situación.  
La soledad la impulsó a visitar de nuevo Knossos y redescubrir, uno a uno, todos los encantos que aquel palacio escondía entre sus columnas rojizas. Su carácter extrovertido y su manera de entender la vida empezaron a tomar otro perfil, alejándola de la nube en la que había vivido durante su niñez y su juventud. Solamente un bloc de notas fue lo que precisó para seguir sumando días y noches a su estancia, sin llegar al desespero.
Y así fue como crecieron unas pequeñas raíces que pronto la hicieron sentir parte de aquella tierra. Se dedicó a escribir, a pintar, a adentrarse en su ser, a hablar consigo misma y a descubrir que la vulnerabilidad depende tan sólo de la manera con que afrontamos los sueños y luchamos por ellos.
Finalmente, el pasaporte nuevo llegó y Aurora pudo regresar. Tras un tiempo en Madrid, realizó las gestiones convenientes para volver a Creta e instalarse definitivamente cerca de aquel palacio especial, su palacio soñado de Knossos, gracias al cual logró conocerse a sí misma, dejando atrás su barrio y mirando hacia un futuro lleno de esperanzas.  
Su sueño se ha cumplido; hoy regenta un pequeño hotel, cerca de la playa, en el que se combinan los rasgos de la tradición minoica más antigua y el encanto del Madrid más contemporáneo.

6 comentarios:

  1. Una cosa dolenta que en porta una de bona. No saps mai on és la bona sort.

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    1. Cert, Helena, no saps mai ni quan ni on la vida pot donar un gir.

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  2. Un viatge cap al jo mes profund, retrobar-se amb ella mateixa...

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    1. No tothom sap arribar-hi. Crec que és el viatge més difícil i llarg que hi ha, un viatge que dura tota la vida...

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  3. Tant de bo el destí ajudés a molts a fer un gir en la seva vida i trobar-hi així un sentit!
    Quina exquisidesa en les descripcions, Elisenda; gaudeixo d’unes imatges tot i no veure-les!

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    1. Gràcies, Gemma. Com sempre, és un plaer llegir els teus comentaris. A vegades la mateixa vida ens porta cap al destí més adequat...

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