sábado, 2 de noviembre de 2013

El invierno de Ulises

A finales de la década de los ochenta se puso de moda tener una mascota. Los perros y los gatos daban  mucho trabajo, por lo que a mí, me obsequiaron con un pequeño hámster.

Mi madre, profesora de griego en un instituto, se había molestado, noche tras noche, en contarme historias sobre la mitología clásica; historias que me habían fascinado por ser igual de bellas que intrigantes. Entre ellas estaba la de Ulises y Penélope.

Cuando supe que los hámsters viven de noche y duermen de día quise bautizar a mi mascota con el nombre de Penélope, recordando a la esposa de Ulises que pasaba las noches en vela para deshacer el tapiz que había tejido durante las horas de sol. Pero en la tienda me confirmaron que se trataba de un hámster macho, por lo que decidí llamarle Ulises.

Aquel animal chiquitín, que traía a mi abuela de cabeza, vivió su primer año en una pequeña jaula, hasta que mi padre decidió hacerle construir un palacete de madera, con un par de ruedas, un laberinto y montañas de serrín. Ulises era feliz recorriendo aquellos vericuetos todas las noches. Durante el día dormía profundamente hasta caer el sol.

El  tiempo era bueno y por las noches dejábamos a Ulises en el balcón para que se desahogase en las ruedas de su pequeño palacio, abastecido de suficientes pipas. Pero, sin darnos cuenta, llegó algo de fresco… y Ulises, roedor por naturaleza, consiguió agujerear la caja en la que vivía.

Un día me levanté, me dirigí al balcón y me di cuenta de que Ulises no estaba… La tierra de las jardineras se veía removida, pero Ulises no estaba… Lloré todo el día. Le busqué por todas partes, pero ni rastro. Bajé a la calle, miré si estaba en algún rincón, temía que se hubiese caído. Nada. Me acosté llorando, triste, con un sentimiento imposible de consolar.

Pero mi padre, que conocía la naturaleza y sus costumbres, sin decir nada a nadie, dejó un montoncito de pipas en un rincón. Al día siguiente, las pipas no estaban. Repitió la hazaña durante tres o cuatro días. A la mañana siguiente las pipas, extrañamente, habían desaparecido.

Cuando nos contó lo que estaba sucediendo, decidimos quedarnos una noche para averiguar el misterio. Nos llevamos una sorpresa enormemente agradable. Ulises había hibernado, se había enterrado en una jardinera y se había construido una agradable morada, a su gusto. Le fuimos dejando pipas durante todo el invierno; él salía todas las noches a buscarlas y volvía a enterrarse.

Así pasaron  los meses más fríos y llegó la primavera. Ulises salió de su escondite y volvió a usar el palacete de madera, como si se tratara de su residencia de verano.

Mientras, regábamos las jardineras para que aflorasen los nuevos esquejes de geranio que mi madre había plantado. Pero aquella primavera, además de geranios, salieron veintisiete girasoles, gracias a las pipas de Ulises. 


8 comentarios:

  1. La historia del hámster ocurrió de verdad, es cierta como la vida misma... ¡Soy testimonio fehaciente de ello!
    Se trata de un extraordinario relato breve con el que Elisenda inaugura su blog: ¡buenos augurios para ella y para sus lectores!

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    1. Muchas gracias fiel seguidor de mi humilde obra! Sólo trato de plasmar lo que me has ensañado...

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  2. Gràcies Elisenda per aquesta bonica història. He afegit el blog als meus faborits i espero que sovint em complaguis amb un dels teus extraordinaris contes.
    Una abraçada

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    1. Moltes gràcies, Cristina! Celebro que t'hagi agradat! Podràs consultar el blog cada setmana, hi trobaràs un conte nou!
      Una abraçada també per a tu!

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  3. És molt tendra, aquesta història! Encara que no sé pas si els hamsters hivernen, és molt ben trobat.
    Felicitats pel bloc, Elisenda! Suposo que ja podré fer-me'n seguidora.

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    1. Gràcies Helena! He de dir-te que la història és certa, que els hàmsters hivernen!!! I com ells, que guarden les pipes, jo em guardava aquesta història al pap... per fi he trobat l'ocasió d'explicar-la.
      Cada setmana pots consultar el blog, hi trobaràs un conte nou.
      Una abraçada

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  4. El que contes i com ho contes; realment, encisador tot plegat.
    Les referències a un bonic temps passat, la senzillesa en l’escriptura, però enriquidora alhora amb un vocabulari extraordinari, la tendresa que es desprèn de tot allò que expresses i com ho expresses, l’aconseguir que les imatges succeeixin en el pensament, alhora que llegeixes paràgraf per paràgraf... Sincerament, Elisenda, fascinador.

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  5. Gemma, com sempre és un plaer llegir els teus comentaris! Lectors i lectores com tu són els que inspiren a l'hora de crear pesonatges i inventar històries. Gràcies per seguir-me!

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